Los sectores más vulnerables son los más perjudicados por el contexto de pandemia. Por ellos la Fundación continúa trabajando de modo de garantizar que reciban lo que necesitan.

Las necesidades de quienes ya recibían ayuda se han incrementado de modo exponencial. Antes del inicio de la cuarentena, el ingreso promedio por familia de nuestros programas educativos era de $26.248, muy por debajo de la canasta básica. Esos ingresos en su mayoría eran informales y se vieron interrumpidos dejando a las familias en estado de vulnerabilidad. La Fundación reforzó la ayuda alimentaria a las familias e inició el envío de viandas domiciliarias a los adultos mayores.

Nuestros centros de atención social que eran presenciales se han transformado en virtuales pero mantenemos un centro abierto desde el cual se gestiona la logística de distribución de medicamentos, pañales y otras ayudas.

Los programas de Educación continúan de manera virtual, se acompaña a los chicos para hacer las tareas, se envían por foto a los celulares los deberes a quienes no tienen computadora y se apoya a los padres. El 40% de los participantes del programa IDEA no tienen computadora y de ellos la mitad no tienen internet, por lo cual resulta fundamental generar este tipo de asistencias.

Los Sobrevivientes del Holocausto continúan de modo virtual con todos sus talleres. Es emocionante ver como gente tan mayor se las arregla para poder seguir con sus clases de teatro, sus intercambios literarios, los ejercicios de Coro y los encuentros semanales con sus pares, a través de sus teléfonos o computadoras.

Por todos ellos, todo el equipo de la Fundación sigue firme y trabajando para poder garantizar las demandas a quienes están pasando un momento difícil en este contexto.

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