Un informe de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires consigna que sólo el 30% de las familias porteñas puede afrontar el alquiler de su vivienda sin caer por debajo de la línea de pobreza. Esta situación genera permanentes achicamientos, varias generaciones conviviendo o el alquiler informal de habitaciones. El informe concluye que los inquilinos en la ciudad de Buenos Aires viven cada vez más hacinados y son cada vez más pobres. Esto tiene un impacto directo en la salud mental de los miembros de estas familias. La convivencia en espacios hacinados o la inseguridad de poder mantener el techo genera condiciones para la violencia doméstica, la inestabilidad emocional y la disgregación familiar.
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